¿Por qué te entran ganas de hacer caca en cuanto llegas a casa?

Estás de vacaciones disfrutando en la piscina cuando de repente sientes la urgente llamada de la naturaleza.

En menos de un segundo sales como puedes del agua, dejas a tus hijos a su suerte y buscas el trono más cercano. Una vez que colocas tus santas posaderas sobre la fría porcelana, esperas y esperas pero no ocurre nada. ¡Menudo desastre! No eres más que un paquete de caca que se niega a vaciarse.

¿Te resulta familiar esta historia? No te preocupes, no eres el único. Esta dura realidad aflige a muchas personas de todo el mundo. ¿Qué hemos hecho para merecer esto?

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Como en casa de uno, no se está en ningún lado, y como en el váter de uno, no se caga en ninguna parte. Quién diga lo contrario, miente. Nick Haslam, profesor de psicología en la Universidad de Melbourne, explica por qué pensamos de esta manera.Enlace patrocinado

«En mi opinión, la experiencia de ‘descargar’ al regresar de un viaje es en gran medida una respuesta pavloviana, es decir, el hogar nos da seguridad, haciéndonos pensar que es el lugar apropiado para evacuar. «Si durante un viaje sufres un poco de estreñimiento, es probable que la relajación de los esfínteres tenga lugar en el momento de regresar a casa«.

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La falta de familiaridad que experimentamos cuando nos encontramos de viaje nos impide deshacernos de nuestras bombas apestosas cuando deseamos.

Este problema se suele conocer como «estreñimiento del viajero«, y según la Dra. Brooke Gurland, cirujana colorrectal de la Clínica Cleveland, esto se debe simplemente a que somos «criaturas de hábitos«. Cuando nuestros hábitos se alteran, nuestros intestinos se asustan.

Sumado a la timidez de nuestros intestinos, también debemos tener en cuenta que, cuando viajamos, solemos beber más alcohol, bebemos menos agua y sufrimos jet lag, un verdadero combo que hace que sea más probable que suframos estreñimiento.Enlace patrocinado

Si no nos atrae demasiado la idea de soltar lastre en un baño desconocido, Gurland afirma que tendemos a retener nuestras heces, las cuales se endurecen y secan dentro de nuestro colon formando una especie de tapón. ¡Maravilloso!

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Entonces llega el momento de regresar a casa y liberar al Kraken. En cuanto llegas a tu morada, el despegue del cohete rectal ocurre de forma automática, y eso, señala Haslam, es la parte interesante.

Cuando entras por la puerta de tu baño, ves, hueles y escuchas cosas que te son familiares. Te relajas mental y fisiológicamente en tu fortaleza personal. Al restaurar el orden, tu cuerpo no siente que necesite estar en estado de alerta. Por tanto se relaja, y de igual forma se relajan tus intestinos. Finalmente, lo que parecía ser una pesadilla horrible, consigue tener un final feliz.

Y tú, ¿consigues evacuar fuera de casa? ¡Déjanos tu respuesta en los comentarios!

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